Imagína esto:

Permitiste que alguien viviera en tu casa, no sabes por qué no te habías dado cuenta, pero de repente miras a tu alrededor y el suelo está roto, la pintura se está desprendiendo, hay polvo por todas partes. Miras a tu alrededor y tu casa está sucia y todo está fuera de lugar. Por alguna razón, decides que puedes trabajar con eso y seguir viviendo en esa casa. ¿Qué haces? ¿Simplemente vives allí entre el desorden, o te tomas el tiempo para reconstruir poco a poco el lugar que llamas hogar?

Supongo que la respuesta es bastante sencilla, si has decidido quedarte es porque también has decidido reconstruir. Así es como funciona el perdón.

Perdonar no es el objetivo, el perdón es el punto de partida. Esto se aplica a todas las relaciones de la vida, pero sobre todo a tu relación contigo mismo. Hay muchas cosas que debemos perdonar para tener relaciones sanas, perdonarnos a nosotros mismos simplemente ilumina el camino hacia un camino de mucho trabajo. Lo he visto esto de primera mano en mi matrimonio. Durante 5 años pensé que el perdón era el objetivo.

Perdonar y olvidar, ¿no? NO.

Después de herir a alguien, después de herirnos a nosotros mismos, es vital que vayamos a la raíz de ello. ¿Por qué lo permití? ¿Qué papel tuve? ¿Qué ignoré para evitar la confrontación? ¿Cómo podemos crecer a partir de esto?

Perdonar y olvidar es poner una curita en una herida profunda y esperar que se cure. Lo más probable es que se infecte y contamines todas las relaciones, y te destruyas a ti mismo en el proceso. De repente te encuentras con un hogar roto. Tu corazón está roto, tus emociones se desprenden, hay polvo por todas partes… ¿Qué hay que hacer?

Perdonar y aprender.

Perdonar y comunicarse.

Perdonar y reconstruir.

Perdonar y continuar…

Fallamos, las personas que amamos fallan, así que perdonamos. Lloramos cuando lo necesitamos y reconstruimos. Las personas no son desechables, se necesita valor, amor y mucho perdón para construir relaciones fuertes y sanas, pero al final de todo de eso es lo que trata la vida: relaciones fuertes y sanas. Puedes tener el mundo a tus pies y no significa nada sin alguien con quien compartirlo…

Tómate un tiempo para meditar sobre las cosas que tienes que perdonarte, sobre las que tienes que pedir perdón y las que tienes que perdonar aunque nadie venga a pedírtelo…

El perdón no es la meta, es parte de nuestro camino diario. Perdonar no siempre significa seguir caminando juntos. A veces hay que perdonar, dejar ir y reconstruir la relación con uno mismo. A veces hay que perdonar, agarrarse más fuerte y continuar… Puede que no conozcamos todos los pasos, pero perdona, el siguiente paso lo vas descubriendo mientras caminas… Perdonar es el primer paso para sanar.

Perdona y aprende. Perdona y comunícate. Perdona y reconstruye. Perdona y continua…

Nos vemos en las letras,

Bianca Paola

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